la oda nocturna trajo su sombra
y el reflejo de la luna sobre el hielo negro entonaba gritos acimutales bajo el granito en el que mis piernas tambaleantes sostenían mi ebriedad. A torpes pasos crucé un sombrío jardín, el fango y el pasto humedecian mis tenis de tela mientras un huracán Club de Nuit emanaba de la ventana y una visión de aquel fruto me hizo perder la cordura.
ay, Walnut lane, rosado espejismo en donde mi memoria me falla y su perfume asfixia. El ensordecedor crujir de la madera bajo mis pasos en cada escalón. Hipnosis de sándalo dentro de bóveda púrpura en la cual descubrí los designios de las estrellas. Al cruzar el umbral astrológico sentí el nado de Dos pececillos lamiendo mis dedos mientras el humo del incienso cerraba mis ojos en un terapéutico vaivén de caderas sabor a leche de almendra.
el señor sabe que soy débil, pero jamás me había sentido tan fuerte.
Y bajo esa guía divina cometí crímenes imperdonables durante cada noche de aquel agudo invierno.
Probé de su boca un año entero en Maui, los colores de montañita y el vértigo en la casa del árbol.
Robé de su cuello el aliento de la juventud y con estas mismas manos abofeteaba de regreso el vigor de su lucha y dulzor de su lengua.
Su suavidad tierna entonaba sonetos a todo lo obsceno que extrajimos de un siniestro depredar mutuo.
La cara arde y la piel se pone morada; el aire escasea y el sudor suena cuando cae a gotas sobre la piel empapada.
Mujer coyote de sonrisa larga; no solo my playlist crecía, tambien el ansia de prolongar su magia.
Los meses se hicieron cortos pero qué tortura fue cada día.
Y al final me ofrecí a mí mismo como sacrificio para hacer llover olvido y la escarcha del silencio lo volvió hielo vivo. Ahora sólo quedan muescas de un espejo fracturado y al verme reflejado sujeto los trozos más chicos; los aprieto con el puño para hundirlos en la piel y, disueltos en mi sangre, seguir nutriendo los pasos de cada día en que pude finalmente vencer el apego.
fue como los días se volvieron grises y con ellos las nubes se extendieron para tapar sus estrellas.
yo ya no podía ver el futuro
pero la arena de mi tierra me recordó con sabiduría
que los coyotes te comen vivo
si el ensueño te mantiene dormido.