miércoles, agosto 11, 2010





Me llené la boca de nombres ajenos
y el metal de sus promesas
oxidó mi garganta hasta enmudecerla,

caí de rodillas sobre elevados alpinismos
y ahora mi vida pende de un blues llorón,
como el hilo de plata entre el viaje y el sueño
las cuerdas de nylon me atan a esta silla
donde no se muere pero tampoco se vive,
sino que medio dormido
recito poemas en C
que harían llorar hasta a la más siniestra de las hijas de Dios,
quienes se sienten más cómodas sosteniendo un rosario
que al ponerse un bra,
y que se les hace más fácil matar
cada vez que lo vuelven a hacer.

A ustedes les mando postales de amor:
una bala, directo de mi arma a sus corazones
porque aún me gusta  olor del aliento ajeno por la mañana
y los cigarros al despertar.


yo ya no soy su amigo ni su enemigo,
regresé del mundo donde dichas palabras significan nada.

tampoco soy más el lobo que solía ser:
en nombre de la venganza vendí mi cuerpo y mi alma


y ahora no soy mas que un perro.

lunes, enero 18, 2010

La Distancia


El peregrinaje había llegado a su fin, una caravana se asentó a lo largo de la carretera casi abandonada en medio de la noche en la que se habían mandado instalar señales primitivas y austeros juegos de iluminación hechos a mano, había fuertes sumas escurriendo entre los dedos de acaudalados noctámbulos adictos al olor de las llantas quemadas quienes habían favorecido las instalaciones y mas que nada, patrocinado diversos químicos que les asegurarían una noche realmente difícil de olvidar.

En una chamarra de piel blanca Marlon Strutt llevaba impreso el número 26 en el hombro derecho y diestro era al volante como al perseguir victorias; esa noche, sin embargo, después de años de moldear la carretera, la multitud a la cual se dedicaba a complacer (y que muchas veces también lo complacía) había atestiguado el progreso de un sonriente novato que con 8 carismáticos cilindros se echó encima y rápidamente una fama comprobable al medir la balanza de las apuestas, la cual quedaba varias veces a su favor y por lo tanto, más que una competencia, la carrera prometía ser todo un espectáculo.
Minutos antes de iniciar la carrera, los jinetes cruzaron miradas desde sus cabinas en las que dos grandes cascos con visores plateados reflejaban el interior del móvil: vacío como la extensión de la pista, que asemejaba la impresión y el vértigo que provoca asomar la cabeza por un acantilado, o como si se tratase de una caída hacia adelante y hacia el oscuro horizonte.
Quienes jamás corrían la pista salvo con la velocidad de sus retinas abandonaron sus apuestas en la línea de inicio, los motores bramaban y temblaban al tiempo en que Strutt le sudaban las manos provocando el deslíz del volante entre sus dedos, sin embargo, se aferraba con la fuerza que hay en las mandíbulas de un dóberman.
No estaba nervioso ni emocionado sino que, bajo el casco de seguridad Strutt se sentía invisible, facultad que paradójicamente le cedió el lugar del supremo espectador, y pudo ver como las luces de la primera señal tiñeron los rostros de la audiencia enloquecida de un carmesí fantasmal, dando forma a espectros colorados que sostenían con sangrantes mejillas las múltiples sonrisas flotantes de una noche comprimida e impaciente ante el nacimiento de una estrella color del ámbar, señal inminente del turbulento inicio del episodio.
Bajo un escenario similar a una puesta de sol sintética sujetada por las luces del semáforo, Strutt recordó las palabras de su joven contrincante a sólo dos minutos del abordaje: - ¿sientes esto? - y sonreía - Dios debió sentir lo mismo cuando terminó de crear el mundo. - y dicho esto, aquel emocionado sujeto no era más su rival sino su hermano, la única persona racional alrededor.
Y así fueron despedidos por las banderas sostenidas en los brazos de una puberta perdida y la gente en las gradas no alcanzó a ver mas lejos del reflejo de la luz verde en el cromo de los escapes que entre luces de xenón disparaban lentas balas de humo ascendente mezclado con una orquesta de neumáticos y asfalto.
Gasolina, caucho ardiendo y frío de la noche, copilotos atmosféricos, helados testigos nasales de la vanidad humana y de la ficticia preferencia de sentarse y observar a los otros, mientras el mundo se reduce sólo dos, de todos los presentes sólo dos sobre el pavimento, en la garganta del glaciar desértico nocturno.
Dentro de su Eleanor, una carcacha gris artesanalmente modificada, el viejo Strutt sintió esa peculiar sensación de sordera que provocan los ladridos del motor contrincante aunados al frío y la presión que ejercía la antinatural velocidad en sus oídos, ahora las líneas del camino eran una culebra contoneándose mientras el piloto jugaba con el volante a punto de ceder en pedazos por la fuerza canina en sus manos que ya no sudaban sino que ahora eran dos gruesos témpanos de hielo adheridos a la vibración que causaba el aumento de velocidad en el chasis del móvil.
Los dos competidores aceleraban a la meta pero no fue sino hasta la mitad del circuito cuando uno de ellos finalmente abrió los ojos, peligrosamente cerrados por una risotada que ahogaba el casco que, además de protegerlo, contenía una fractura en su percepción, liberada ante la revelación que trajo consigo la excesiva ingesta de distancia en tan poco tiempo, y como si se tratase de una sobredosis de velocidad, un éxtasis se apoderó de él cuando este contempló el firmamento: la línea de meta a tan sólo nueve segundos… tiempo suficiente para darse cuenta de que en él descansaba el destino de la carrera de su vida y el destino de las extraordinarias apuestas que los congregados en ese templo erigido en nombre de los altos octanajes habían hecho a favor del piloto, que ahora a tres miserables y lentísimos segundos de la línea comenzaron a verlo como el mesías del clandestino, estirando las caras en dirección a sus orejas que bajo la luz roja parecían monstruos con sed de gasolina.
No hubo trofeos, tampoco flores, no hay luces, no hay meta… su cabeza está embrujada por algo indefinido, tal vez los terremotos que provoca al reventar el camino o la tentación de fundirse entre la velocidad, el asfalto y el infinito; no hubo espuma de champagne al aire, menos un podio para compartir, el desconcierto era bastante ordinario para lo que en ese momento la audiencia mostraba iracunda: un piloto desaparecido, engullido por el forro deportivo de su propio asiento.
El doble trece era la supersticiosa razón de quienes religiosamente alejaron a Strutt del sacrosanto registro de las apuestas, que si bien era viejo, en su acelerada vida jamás encaró la línea de meta con una derrota... sin embargo, esa noche se dió cuenta de que la victoria no se encontraba en aquella vulgar concurrencia, ni mucho menos en la cantidad de pasta que le concediesen, esa noche la victoria había desaparecido dentro de un auto que no era el suyo.
Strutt, por primera vez bajó de su caballo padeciendo algo más inmenso, prolongado y desconsolador que todas las carreteras del mundo, algo más grande que cualquier victoria y con un sabor poco más amargo que el de la derrota.
El señor Marlon estaba solo.
vacío como el casco en sus manos, y con las rodillas reducidas a temblores se puso de pié sobre el mar que ahora formaba el inestable concreto bajo sus botas, incrédulo ante el horizonte, abandonado a esa frialdad que a todos aqueja.
Strutt simuló un desdeñoso triunfo final ante la inconforme actitud de los cientos que apostaron en su contra y un eco en su casco sostenido por las convulsiones en sus manos, acompañado de la creciente proximidad de unas luces violeta en las sirenas de la policía le recordaron que tenía que largarse volando de ahi.
Y manejando a ninguna parte articuló en su mente las únicas palabras que le escuchó decir al joven piloto...



y por supuesto también las últimas.






-fin-

Sucede temprano...


...o mas bien en la mañana, o mas bien en el transcurso de la mañana, pero ésta en especial, me levanté muy enfermo...
fuí al doctor y le pregunté que qué tenía y el me preguntó que cuales eran los síntomas, le dije: "me duelen mucho los dedos, y me arden los ojos, de hecho no los quiero ni abrir!"
me quitó la ropa e inspeccionó la circunferencia de mi panza...
me dijo: usted invierte mucho tiempo en su "pe-cé".
me sentí ofendido y me largué del lugar sin pagarle la consulta.
No me gusta que el doc le diga "pe-cé" (se llama Ordenador), y tampoco me gustó que al ver mi barriga dijera: "aaaah!"
nos prometimos un reverendo cambio, pero no hacíamos nada por él...
así que al levantarme, lo primero que vi fué un sol medio gris, lo cual ya era algo, suficiente saber que habia mudado ese tonto tono canario que no podía nisiquiera voltear a ver sin que me rasguñara los párpados, y además en la noche me senté otra vez a tragarme la saliva frente tu ventana de conversación, mojando la mirada para que aparecieras por la puerta y te sentaras a consolarme por la nada;
y me dolían los ojos... los ojos!
y pensaba: ¿de que sirve tenerlos si no te voy a ver? y derepente pum! me los arranqué, los envolví y los guardé para que te los comieras después. Sin embargo, en mi ceguera te habré dado el corazón, porque el almuerzo me indigestó y el dolor en la panza era familiar, pues las tripas me punzababan como cuando te ví ese sábado por la noche y dije: "esto es vida!"
no se trata de ofenderte, pero si crees que te robas mi tiempo, piensa dos veces,
te lo estoy obsequiando...
con puñal en mano me lo arranco de las muñecas para que suene: "tic-tac" en la alarma de nuestros corazones (si es que alguno de los dos tiene), como una bomba de tiempo, de esas atómicas que no importa donde estés... te alcanza y te revienta en mil pedazos los cuales recogía con el pico y les gitaba aleteando: Tierra firme!
Tampoco es alucinación mía, pero temprano, juro que el sol se queda dormido cuando salgo de la casa y voy a la escuela, tuvimos algunos conflictos porque ambos somos egoístas: yo quiero días para entregarte, pero él se filtraba en las ventanas de tu cuarto y te acariciaba todo el cuerpo al mismo tiempo y yo... que solo tengo un par de manos no muy virtuosas, las contagió un veneno parecido al de este teclado "ergonomic" que de ergonomic no tiene mucho porque no se siente tan bien apuñalarlo con las yemas, a menos que tenga algunos metros de piel como la tuya.

y hablando de apuñaladas...
una jeringa me sobó las azules angustias...
y me quedé dormido y tuve un extraño sueño...
en el que éramos una sola persona...
en dos cuerpos muy diferentes...
reconfórtame con manzanas, que estoy enfermo de no sé qué...
si es nostalgia, trae las aspirinas...
si es amor, será mejor un bisturí.

jueves, noviembre 26, 2009





no estoy seguro de donde... pero te conozco!
algún lado tendrá tu nombre o de alguna calle se asomará tu casa pero sé de donde vienes y conozco tus intenciones y juro que tienes el mismo olor a cítricos raros de noche o a cantina vieja de madrugada, siempre da igual!
y si me lo permites te diré las cosas que gustas escuchar tanto como muchas otras que no conoces de ti aún, porque me eres tan familiar tanto en neón como bajo el sol, entre la noche como bañada en luna, dando saltos o sentada y pensando, eres tan precoz como mi abuela y tonta como el vecino de enfrente, una mañana llegaste con los ojos sangrados y al dia siguiente tu mirada era azul, una semana hacías box y la otra comías rosetas de maíz echada en un sofá, jugábamos videojuegos hasta la madrugada o me contabas tus aburridos traumas hechos de celofán hasta que amanecía, nos queríamos mucho, todos los días! también nos escupíamos las caras durante meses pero ambos valían la pena, vestías de colegiala hippie, vampiresa, reggaetona, te colgabas bolsos de marcas impronunciables, abrigos rojos, faldas de nylon, zapatos de piel... muchas otras veces no te colgabas ni los calzones, eras culta o estúpidamente imprudente, fumabas hierba y cigarrillos, tomabas chianti o cerveza, creías en la virgen, en krishna, en ti misma, leías libros, comías zanahorias, en fin...
Eres diferente, pero a la vez tan igual como el mar y el cielo cuando se funden a lo lejos, y aunque te cortes el pelo o te cubras en enormes gafas obscuras sabré a donde vas por la forma en que mueves esas cosas de marfil que llamas piernas, estoy tan seguro de ti como lo estoy al decir que después del verano le sigue el otoño, la diferencia es que tu no cambias de follaje sino de nombre, y en el umbral del atardecer, has sabido camuflarte entre los tonos morados del cielo para marcharte sin despedir la menor sensación de abandono hasta que se llega la hora de dormir y la maldición de despertar...
y al despertar...
celebro tu ingenio porque tu presteza no deja rastro que seguir,
y cuando lo hace procuras que no nazca en mí perseguirlo porque sabes que de de alguna u otra forma... siempre regresarás.
será que soy estéril o estoy completamente seco, pero si pudiera llorar lo haría por ti, pues tantas veces te echo de menos que ya estoy acostumbrado y cuando prometes algo sé que con los días esa promesa volará con la tolvanera de este desierto y sin embargo, yo te voy a creer.
...Porque eres mi alma gemela.
mi razón andrógina, la extensión de mis brazos...
tan vasta como la quimera que formas entre el tumulto de estos seres sin cabeza,
tan sorprendente como la maquinita que cargo con el alma,
tan líquida como la gasolina y tan fría como el hielo en un vaso highball pasado de onzas que gestan en mi garganta palabras de amor altisonantes.
eres igual a mí o mas potente y es por eso que siempre te encuentro en este prolongado juego de las escondidas, cuyo ensamble se basa en personas, oculta muy al fondo de sus renegados corazones.
y si me encuentras vuelve a perderme
que me aburre la vida si no busco.