domingo, diciembre 21, 2025

 Puedo dividir mi vida fácilmente en las dos etapas más importantes  de mi supuesto crecimiento como ser humano.

Digo crecimiento porque se supone que ese es el plan... plan de que? no tengo puta idea, pero no quiero ser un fracasado conformista o un quejumbroso llorón al final de mi vida.
Como sea, decía que puedo dividir mi vida en dos etapas: antes y después de medicarme.
No me refiero a aspirinas o jarabes para la tos.
Tenía un tiempo escuchando que mi cerebro estaba saboteando cada espectro de color, cada rincón,  cada canción y plan en el que pudiese pensar. El ruido era tanto que a pesar de gozar de una relativa plenitud económica, familiar y romántica  a la mitad de mi vida sencillamente el tormento no desaparecía; especialmente por las noches. Dormía a las 4 de la mañana, despertaba, por más tarde, a las 5 o 6. Durante el día me mantenía ocupado haciendo cualquier cosita que me sacara de mi mismo pero al llegar a casa, el condicionamiento de llegar a mi cama era tal que mi recámara la sentía como las fauces de un tiburón. Una afección en mi espalda terminó dejándome apoyado sobre un bastón, el cual por cierto, ni siquiera sabía usar... en ocasiones me lastimaba más tratar de usarlo que sufrir caminando torcido, el dolor desembocó en un terror absoluto incluso al simple hecho de sentarme a cagar. Una tristeza profundísima lastimó todo mi orgullo, sentía que, a pesar de todo lo bueno que me rodeaba, la miseria se volvía cada vez más oscura a mi alrededor
Agoté las opciones hasta que alguien me dio dos posibles salidas: "Busca ayuda profesional o toma este medicamento" de su bolsa sacó un frasco. Yo lo tomé sin dudar. Me dijo que el problema era que mis sueños se volvieran más manipulables o muy lúcidos. No le tomé importancia, hace tiempo me di cuenta que incluso en sueños, metía la pata... qué más daba?
Esa noche llegué a casa y ni siquiera cené. Me tomé la primera pastilla y me fui a la cama convencido de que mi vida estaba a punto de cambiar.
Eran las 9 p.m. Cuando noté... experimenté por primera vez el verdadero silencio. No hablo de mis hijos callados, ellos seguían gritando en algún lado de la casa; era un verdadero silencio en mi cabeza, era la ausencia de todo pensamiento salvo el hecho de que estaba pensando que mi cabeza estaba en silencio... tiene sentido?
Me quedé dormido y en un parpadeo, desperté a las 6. Pleno, gozoso.
Besé a mi mujer, no se si en su cara o mejilla, pero fue lo primero que hice. Me lavé los dientes y me vi en el espejo. Me gustó lo que veía a pesar de que ya estaba viejo y panzón. Arranqué una cana que se asomaba por mi barba, esa que me hacía ver más viejo. Solucionado. Durante el trabajo todo me resultaba asombrosamente eficiente, la comunicación fue excelente y al llegar a casa me puse a jugar con mi hijo a los juguetes.
Durante la noche disfrute de una magnífica velada de videojuegos y, aproximadamente a las 12  como un perro hambriento buscando sobras en un mercado abandonado, empezó a volver el ruido a mi cabeza. No le di importancia y seguí jugando hasta que inevitablemente el perro se convirtió en un feroz y rabioso león tratando de mutilarme vivo. Corrí por la pastilla (lo que es no estar acostumbrado) y recé las plegarias disponibles, pidiéndole a Dios, pidiéndome a mi mismo ayuda para arrancarme esa estática que retumbaba dentro de mi cráneo.
No pasó mucho tiempo antes de darme cuenta de que ese medicamento sería de vital importancia si quería conservar la poca cordura que me quedaba,  ahora pienso que mi vida pendía del pequeño hilo que esa píldora dibujaba sobre el abismo en mi puta cabeza de mierda.
Mi vida empezó a normalizarse, el dolor en mi espalda gradualmente desaparecía; un día por la mañana tuve una charla incómoda con mi mujer, incómoda pero supongo que necesaria (cumplimos 14 años y ninguno de los dos quiere pensar en el fracaso sentimental no obstante después de ese tiempo, ambos establecimos un plan b o al menos eso me pareció). Cogimos como animales. Lo dejo para el récord.
Total
Estoy en pleno uso de mi facultad cognitiva, consciente de mí mismo de lo que me rodea. Todo gracias a un centímetro en forma de cápsula. Y por primera vez en 35 años puedo ver lo bien que todo marcha.

Pero tuve este sueño. Lo tengo fresco...
En él estaba digamos un conocido. Me había invitado a un supuesto "encuentro" de artistas, la cita sería en este lugar tipo vulcanizadora, de esos pinches lugares que tienen el suelo a medio pavimentar, puedes ver grietas de tierra y piedras sueltas y enterradas entre el cemento viejo del piso levantado por la raíz de un árbol viejo que podaron hace un chingo, del cual nada más se asoma la semi recta rebanada de tronco. No entendía porque carajos estaba yo ahí, a mis 35 años en un pinche lugar cagado por perros y sucio pero aquí es donde se empieza a poner interesante: la vulca estaba cerrada con una cortina de metal, de esas que se enrollan hacia arriba, la cortina incluso tenia una de esas pinturas de las que hacen acá como un motor con ojos o una llanta con cara, no sé, algo así raro, viejo y medio borrado. Mi compa la abrió... era una estancia de 2 o 3 metros de ancho por quizá un metro y medio de profundidad y en cada extremo, o sea tanto a la izquierda como a la derecha, había una puerta de lámina, una de ellas colgando, era un local de estos jodidos del centro, pintura de aceite "ostión" con marcas de suciedad, mugre y descarapeladas aquí y allá, ya sabes que tipo de lugar. Hacía un calor de la verga. Mi compa me dice:
- ya nada más que llegue fulano y empezamos-
y yo:
-a chinga, empezar que?-
y mi compa saca una grabadora... una grabadora.
Y la pone en una silla oxidada de coca cola al fondo del local... o sea a menos de un metro de la entrada justo en el centro.
Llegó un puñetas, no sé que onda pero para ponerte en contexto: este puñetas llega con lentes, peinado, una pose de artista (mientras lo escribo se me pone la piel de gallina) De hecho, según mi compa, era un artista de no sé qué, ya olvidé ese detalle, pero mi compa en cuestión era como metalero o algo así, la cosa es que estaba chiflado.
El metalero nos explica que estamos reunidos para quien sabe qué tarea previa mientras se acerca a la grabadora, presiona el botón de play y se empieza a escuchar una canción como de... Rammstein? algo así industrial pero muy, muy rebajado, el metalero empieza a decir cosas que de plano no entendí pero definitivamente no era español, me dio la impresión de que estaba haciendo el ridículo a propósito o estaba de alucinado pero en eso todo se va a la mierda. Las puertas laterales se abren al mismo tiempo de golpe y el artista pone cara de "que pedo?" la luz del local empieza a fallar
(aquí se me está poniendo la piel de gallina como nunca) todas las alarmas de supervivencia, incluso las más ancestrales se encienden dentro de mí y trato de alejarme cuanto antes pero mis pies sólo se mueven sobre el cemento pinche, ni siquiera puedo sentir las piedras sueltas bajo la suela de mis tenis, estoy flotando! mi oídos están tapados o zumbando, todo está mal, me doy la vuelta como puedo y veo como mi compa sigue moviendo la boca, pero al poner mas atención me doy cuenta de que el "artista" también está flotando, con sus manos tiesas y estiradas, como si alguien lo estuviese sujetando; el metalero también está levitando pero de una forma mas "natural" si se puede decir así, sus cuerpos se acercan demasiado al grado en que se empiezan a tocar muy lentamente por el abdomen, se van pegando cada vez mas y mas y en una constricción irreal, veo como cada pliegue de ropa se introduce a la ropa del metalero, quien no ha dejado de mover la boca y mi camarada intelectual, visiblemente aterrado y vuelto lágrimas, se resigna poco a poco a lo inevitable. Tomó unos segundos, pero entre el industrial rebajado y tratar de entender que chingados estaba diciendo el metalero el momento eterno en que el artista y mi compa el metalero se volvieron uno, sentí una eternidad de mierda. Fue una cosa verdaderamente satánica, sentía entidades al rededor, el cielo estaba eclipsado e incluso juro que escuchaba susurros que me rehusaba a entender. En este momento yo estaba apoyado sobre un carro, un taxi estacionado, la desagradable "fusión" o no sé como llamarlo culminó en ni más ni menos que mi compa el metalero, sin cambios visibles salvo que ya no estaba levitando. Se acerca a mí bastante, bastante, me empieza a dar asco lo cerca que está, su repugnante masculinidad esta encima de la mía y me dice el pendejo:
-contigo es distinto... tienes que acceder a que me "una" a ti-
-estás pendejo!-
balbuceo
se separa de mí encabronado y me explica: tienes que decir que si! Ellos me dicen que tienes que ser tu! si no accedes por la buena tiene que ser por la mala!

Desperté.

aun con la espesa niebla del sueño obnubilando mi despertar dije: a poco así de fácil fue salirme?
juro que por un breve instante seguía escuchando susurros, algo así como cuando alguien habla en voz baja y lo callan. La fragante caricia del aliento matutino de mi mujer sobre mi hombro terminó de jalarme al mundo de los vivos. Carajo, la libré.

Pasaron los días y no tuve situación relevante que me hiciese recordar el sudor frío de aquella noche, todo había sido mejor desde que inicié el tratamiento y no pensaba permitir que nada ni nadie arruinase mi nuevo despertar.
Poco a poco volvía a tener el control de mi vida y el rumbo hacia el que marchaba era bastante claro ahora
Era un hombre renovado!

Había dejado de contestar llamadas pues ya tenía bastante que marcaban del banco ofreciéndome créditos o beneficios innecesarios durante todo el día. Al revisar mi teléfono me indignaba saber que tenía llamadas perdidas a las 3 de la mañana. ¿como carajos pueden trabajar así? ¿cuanto ganan? ¿no les da pena molestar a esa hora?
Los días en el trabajo transcurrían con absoluta normalidad, clientes iban y venían, las plantas crecían en el negocio, lo que antes me oprimía y me causaba agobio era la cascara de un capullo a la mitad de una metamorfosis. Mi pequeña rutina era increíble y me sentía bendecido por ella, a salvo, feliz.
Dicha felicidad, me llevó un día a decidir que quería salir a celebrar con una cerveza.
Cruzando mi trabajo está este lugar "tradicional" una cantina de renombre, no está de más mencionar de que ahí mismo me enteré que era un lugar exclusivamente para hombres. No me opuse a la sentencia, no sonaba homosexual. Me senté en la barra y pedí una cerveza, con la absoluta confianza de que no entrarían putas a molestarme a medio trago para comprarles una copa o un viejo marica a invitarme otra cerveza igual.
Me tomé la cerveza con absoluta calma, pedí otra para terminar el trabajo, comí unos cacahuates, viendo el espacio vacío entre las botellas de la barra, me dije a mí mismo: -puta... que bien me siento-
pedí la cuenta, dejé un poco más de la propina solicitada (si me siento bien yo, que sientan bien todos) y me puse en marcha.
De regreso al trabajo pregunté por las novedades durante mi ausencia, no hice mucho por ocultar que dos cervezas y el sol del exterior me habían relajado más de lo esperado y mi asistente, aunque lo notó, sólo sonrió sin decir nada.
-Te programé una cita para el martes, ya se llenó la semana, llamaron dos personas preguntando precios y vino alguien a preguntar por ti-
-quien era? te dijo?-
-no, sólo preguntó por ti, dijo que tenía rato buscándote y quería saber cuando tienes disponible-
-estaba buena?- le pregunté jugando mientras arrastraba una silla hacia el lugar de nuestra reunioncita.
-ya quisieras... era un pinche metalero-
Mis rodillas no soportaron, me caí sobre la silla. 
-q-que d-dijo?-
-pues eso, que no le contestabas las llamadas y que le urgía verte-
yo estaba pálido, se me bajó la peda.
-como tiene mi número personal?- le pregunté
-no sabía que te había marcado a tu número personal... porqué que pedo? estás bien?
-si, todo bien, nada más me mareé-
terminé de hablar.
tomé mis cosas y me fui rápido. No le iba a dar oportunidad al bastardo.
me subí a mi camioneta. La alameda estaba sola a pesar de ser de día pero juro que escuché gente susurrar. Arranqué.
Me tomó un par de días convencerme de que había sido una casualidad, ¿porqué chingaos un metalero quería verme? 
mi mujer preparaba la cena. ¿un pinche metalero? Mi hijo demandaba que jugara con él a los monitos. ¿que chingaos quería?
el acoso era incluso más letal que el tormento anterior y las pastillas no lo estaban silenciando.
A este paso ya me daba asco escuchar metal, escuchaba Kpop mientras llevaba a mis hijas a la escuela. Ellas encantadas.
Mi mujer notó la sombra que se cernía sobre nosotros nuevamente, las mujeres siempre están dos pasos adelante de nosotros, y ella, en su infinita compasión y bondad, hizo lo correcto: dejarme sólo.
Un día yo llegué del trabajo y simplemente ya no estaba.
El silencio era maravillosamente desolador.
Tomé la pastilla otra vez, sabía que si no lo hacía terminaría colgándome del pasamanos de las escaleras,
no me sentía triste, no me sentía mal, no aún... sólo estaba este puto gusano que se colaba en las grietas de mi cerebro, ese industrial lento, la sensación de levitar. Llamé al trabajo y comenté que me tomaría unos días, todo el mundo sabía lo que había ocurrido y trataban de ser compasivos conmigo, y yo lo agradecía pero sinceramente, mi preocupación estaba en otro lado.
Finalmente tomé una decisión: contacté con mi vecino que es judicial y ya sabes como es aquí, compre un arma.
Me preguntó que si sabía usarla, fingiendo que le importaba a lo cual le dije la verdad:
-por supuesto que sí-
-vecino, sé que lo dejó su mujer... nomás tenga mucho cuidado-
-pierda cuidado vecino- le dije mientras contemplaba de cerca por primera vez un arma de fuego con la misma curiosidad de un infante que no decide por donde morder una manzana.
salía a todos lados con ella, compre más píldoras en la farmacia, sentía que con el frasco y mi pistola nueva era invencible, me sentí más vivo que nunca.
Sonriente volví a mi casa. Me senté pacientemente en el sillón a esperar. No se cuanto tiempo pasó pero una mañana el refrigerador estaba despidiendo un hedor insoportable, cuando lo abrí me di cuenta de que había dejado de funcionar. Igual no había mucha comida, pero tampoco se me estaba antojando mucho. Los perros no estaban ladrando. Fui al baño y al verme en el espejo me sentía de lujo! había perdido un montón de kilos y mi barba sólo tenía un par de canas que arranqué sin dudar. Regresé al sillón para ponerme a jugar pero mi tele ya no encendía. Tampoco le di importancia, supongo que las cosas se descomponen. Me senté en el comedor y me dio mucho coraje que estuviese lleno de polvo ¿qué en esta pinche casa nadie limpia? Tomé unos pedazos de papel y un lápiz mordido que mis hijas dejaron en uno de sus cuartos y  enlisté las cosas que faltaban en la casa:

papel,
lápices,
balas,
refrigerador.

Las últimas alarmas del teléfono notificaban mensajes y llamadas perdidas del trabajo y de mi ex mujer antes de apagarse pero por supuesto que eran un maldito engaño. Igual siempre he pensado que el celular es malo, me dio gusto cuando se apagó para siempre.
Escuché que tocaban la reja gritando que iban a cortar el agua y fui rápido por mi pistola.
La estuve acariciando un rato, viendo cada rinconcito que tenía sucio para limpiarla y tenerla lista cuando fuese necesario
al Igual que el bastón, no tengo una puta idea de cómo se utiliza pero sabré que, llegado el momento, si necesito apoyarme sobre algo, será sobre el cuerpo muerto de un pinche metalero.

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