yo no me quedé frente a la pantalla,
emulando el old school en aparatos de antaño
como la máquina o el papel,
la tele o la radio
el puro o el jagger, según la influencia del payaso
hubo cosas de las que me hubiese gustado hablar, sí,
sentado bajo lámparas místicas de luz decepcionante,
algo de política u otro poco del periódico,
decir cuanto ha cambiado todo
sin haberme dado cuenta de nada,
haber sido un prodigio
en las tierras de este pedorrero
nah!
nada cambia...
y lo sé y lo huelo
el color de mis dientes podridos por el vulgar cigarro
la amplitud de mis tristeza por el alcohol barato
la longitud de mis brazos colgados a los hombros de los recuerdos que sí conozco:
aquellas canciones de cuna escupidas por putas acariciándome el cráneo,
sarna de gatos chupando el desmayó en los dedos sabor cacahuate enchilado,
melenas piojosas de rucos pedófilos
ofreciéndome una cagüama a las cuatro de la mañana
sobre una azotea en colonias cobijadas por la sombra del cerro,
sobre una azotea en colonias cobijadas por la sombra del cerro,
platicando cosas que no tienen lugar en el espacio de lo inteligible,
entre el vómito endurecido como peto religioso
y el papel aluminio quemando escharcha blanca como la nieve,
los tobillos rojos de jeringas compartidas,
y latas de refresco con doble sentido...
pero todo está ahi, igualito!
en alguna esquina, en alguna puta,
bajo el dinero doblado que escondía con miedo mamá en su cartera,
en mi almohada amarilla por la humedad de saliva y ceborrea prematura,
en el orín de cantina en las suelas de mis tenis
que luego embarraba en alfombras mágicas donde se torcían mis tripas
ansiosas de verla, a quien sea, salir de su casa limpia y serena.
Luego volver al andrajoso unomismo, cochino e hipócrita;
pedazos míos en colonias fresas,
pedazos míos en insultos o en lugares que jamás he vuelto a ver,
en panochas, en canciones, oraciones o en la ropa...
trozos que echaré de menos y quedarán olvidados,
por más grandes que hayan sido,
olvidados.
y qué más da?
si hoy despierto con gemidos poco inocentes de culpa y de miedo,
me arrullan pesadillas, y duermo con ansia y apego y remordimiento
cosas poco recomendables para contar como ovejas...
qué más da?
si tu dices que todo cambia, que me cambien el cerebro
los pulmones y de paso un riñón nuevo;
es más
te voy a decir algo sencillo de olvidar:
nada cambia, y las paredes de la casa nos lo recuerdan
pues desconocen la alegría del hambre y la resaca
que humildemente compartimos con el negro asfalto
besándolo como pinche papa borracho,
porque hay algo en ello que no se detesta del todo
hay algo en la inconsciencia que place y enorgullece.
Podemos más, cierto... pero hay un precio que no se fuma,
ni se bebe, ni se duerme, ni se paga
se llama silencio.
bendito silencio.
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