A mitad de mi baño me encontraba cuando escuché el sempiterno alarido de la consciencia, quien yo nombré mi roca firme abrazando al ego moría y pude ver dentro de los eones cómo el tiempo mancilla el espejo y con su progenie al blátido infestar los rincones.
"De la cuna a la tumba abundantes son los caminos" el maestro decía, pero yo percibía la pestilente astucia de su enseñanza.
aún así tomé la senda de las rodillas que sangran pero alejado de su instrucción fui a parar en los fallos del verbo.
a mi me educó la carestía. Tomaba agua sucia en las mañanas y había semanas en las que no comía.
la luz en el cuarto no conoció cortinas y yo buscaba el rincón mas oscuro para seguir viviendo al otro lado del sueño
ropa con polilla y doloroso calzar incentivaban mi letargo, satisfizo mis mañanas el aroma a mantequilla caliente en la panadería de al lado. Supe que estaba preso mas no precisaba un escape.
En aquellos días, yo sembraba
un día (que olvidé para siempre) me levantaron del escombro quienes yerguen la refulgente falla del hombre, los llamé amigos y a su sombra recorrí distancias prohibidas, floreciendo como la ortiga en las banquetas a media tarde. Nutriendo la fauna urbana con vómito nocturno caminando a ningún lado.
Los callos en los pies mecían la cuna de mis pensamientos, la boca seca hidrataba mis fetiches durante el verano más culero que se burla de quienes nacemos sin opciones, me conmovió la arcada del llanto y del vómito, la saliva de la hembra y la mentira seca; dotado con la virtud de lo repulsivo emprendí la comisión de reforestar mi tierra.
hundí cada semilla en el terreno de la costumbre, a cada una ofrecí sonrientes gotas de sudor, en poco tiempo me volví río, ofrecí mi flujo a los brotes hasta quedar seco. El orden prevalecía y diligente me adaptaba al gobierno del sol y de la noche.
En esos días me encargaba del riego
y la vid fue arrancada para volverse fermento, el terreno invadido con solaz de culpa y el cauce vuelto basurero me rompió los huevos.
Y justo en el dia de la cosecha
miré con rencor lo que hicieron con mi río, golpee con furia mi propia insuficiencia y en lo más negro de mi escape escuché el susurro de la primera opción que me ofreció la vida:
La rebelión de los blátidos.
yo deseaba sentirme limpio pero en el fondo ellos ya sabían mi nombre, sus deprimidos cuerpos soportaban al resto, terrores nocturnos que vuelan en forma de pánico hacia la cara
decapitados se aferran
pisoteados pelean
Vi al blátido infestar de horror la comodidad y comprometer con repugnancia la estable calma. Lo vi comer y alimentar a sus ninfas, los vi amar y también los vi consumir.
Estuvieron ahí toda mi vida pero los escuché justo a tiempo, invencible en la tierra, en el aire temido. El marrón de sus alas me mostró el camino.
-¡éstas no son las lecciones del maestro!- pensaba mientras estiraba la mano para alcanzar el piso.
Cuando acepté su regalo tuve más puños, me volví suficiente y al instante fuimos un rio. Añoraba la enseñanza pero el olor del drenaje me ayudó a olvidarlo.
Salí de la regadera, el silencio era obsceno. Soy la cabeza de una revolución a baja escala. Espiando al enemigo como un doble agente.
No se mostró el andar de un sucesor sino el vuelo del oponente. No fui un buen pupilo sino un traidor excelente.
escuchando el golpecito que la cadena repite en el foco
ante el espejo del baño, y tal vez sonriendo un poco
ofreceré una disculpa cuando nos veamos de frente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario